Texto tomado de Zapateando 2

1968… Y los porros siguen ahí

Javier Hernández Alpízar

Porros posando bajo el lema "Unidad, lealtad y coraje"

Porros posando alegres

Cuando en 1988, hace veinte años y varios fraudes (en elecciones federales estatales, municipales y hasta en las internas del PRD), el PAN dijo que ellos habían logrado un “triunfo cultural” (por aquello del derrumbamiento del Muro de Berlín), no se daban cuenta de en México que el triunfo cultural era del PRI.

El viejo dinosaurio evolucionó y se mimetizó. Se convirtió, como bien diagnosticara un articulista de La Guillotina, en una “clase política metapartidaria”, es decir, su material genético pasó a los demás partidos: Al PRD, en el cual el primer requisito para encumbrarse, y sobre todo para ser candidato, es haber sido priista, pero también en el PAN, que traicionó sus propias luchas por el respeto al voto y contra los fraudes electorales pidiendo incluso apoyo de expriistas (como Elba Esther Gordillo) que se sumaron al fraude de 2006. Asimismo, el PRI, sea por la presencia de priistas connotados como Muñoz Ledo, Dante Delgado, López Obrador, Camacho Solís, Marcelo Ebrard y Cota Montaño, o simplemente porque los otros partidos asumieron su modus operandi, está muy bien representado en los partidos comparsas: Convergencia, PT (acusado por Cuauhtémoc Cárdenas de ser una criatura de Raúl Salinas), PANAL, Verde Ecologista, y hasta por “adalides” de lo alternativo como Patricia Mercado.

A cuarenta años de 1968, impera la demagogia de una izquierda para-priista que se autofesteja como heredera de los movimientos sociales que han luchado desde abajo en el país (antes lo intentó Fox y no logró apropiárselos, terminó pagando a Lech Walesa para venir a amenizar sus espectáculos).

La Jornada, órgano oficial del gobierno de Ebrard (chequen la contraportada del 17 de septiembre), publica un amplio reportaje sobre el 68, mientras el gobierno perredista del DF es un campeón en la represión de los jóvenes en general y de los estudiantes en particular.

Los mismos sujetos que se suponen herederos del movimiento de hace 40 años dieron, con su cobertura mediática, la coartada perfecta para el ingreso de la Policía Federal Preventiva en la UNAM en 2000. Un desplegado firmado por conspicuos intelectuales sirvió como parapeto para que la policía militar atacara a “los ultras”, epíteto que les endilgó la prensa, no sólo de derecha, sino La Jornada y Proceso, quienes no comprendían que los estudiantes se negaran a ser conducidos por el PRD. Años después, el exlíder del CEU Carlos Imaz, en sendo videoescándalo, daría la pista de qué es lo que el perredismo considera ser de izquierda.

La represión contra los estudiantes en la ciudad de México no es obra del azar ni de grupos espontáneos. Grupos de choque como los que actuaron en 1968 y en los años setenta han venido actuando en los años ochenta, noventa y hasta la actualidad.

Apenas el pasado viernes 12 de septiembre cientos de porros de grupos como “23 de Marzo” y “Cobra” agredieron a estudiantes, maestros, vendedores y trabajadores en Ciudad Universitaria. Usaron petardos y fueron dejados en total libertad (dejar hacer, dejar pasar) por los vigilantes de la UNAM (denunciados hace meses por ataques homófobos) para golpear, herir, robar.

Los porros dejaron a un joven del CCH Vallejo en estado de coma, herido con un arma punzocortante, en total se contaban tres personas heridas y varios en crisis nerviosa. La información fue difundida por la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos AC (LIMEDDH).

El artículo “¿Qué es un porro?” de Juan Miguel Reyes Guerra, además de definir el concepto: “Un porro es aquel que pagan las autoridades para controlar el movimiento estudiantil: les garantizan impunidad, escolaridad y hasta proyección”. (Reyes Guerra tomó la cita del diario El Norte), explica la complicidad de PRI, PRD, PAN y PT, así como autoridades de la UNAM (asesoría jurídica si los detienen, por ejemplo) y del gobierno del DF con el porrismo.

La complicidad del PRI y el PAN con el porrismo no es novedad. Grupos de choque priistas funcionan desde hace muchos años y es parte de lo que se denuncia año con año en las marchas de los 2 de octubre. Pero ahora la corona tiene nuevas joyas, como Bruno Espejel, fundador de la ODET, director de la Fraternidad Estudiantil Metropolitana, ex diputado federal por el PRD en la LVII Legislatura, quien, “ha llevado contingentes de porros a apoyar los actos de López Obrador, incluido el plantón de Reforma” (de nuevo el artículo cita a El Norte).

Otro caso es el del grupo “3 de Marzo”, inicialmente de filiación priista pero “amplió sus relaciones a personajes del PRD en las delegaciones Gustavo A. Madero y Azcapotzalco. En diciembre de 2003 agredieron a la comunidad durante un concierto a las comunidades zapatistas.”

Es decir que los vínculos del PRD con la contrainsurgencia antizapatista no se reducen a los dos gobiernos perredistas más recientes de Chiapas (Mendiguchía y Sabines), encargados de operar la paramilitarización, incluidos paramilitares del PRD como en Zinacantán, ni al asesor de la bancada perredista en Michoacán que está en la lista de los investigados por su presunta responsabilidad en la masacre de Acteal, sino en su complicidad con grupos porriles que agreden a estudiantes de la UNAM, el IPN y a jóvenes cuya rebeldía no se ha dejado corporativizar por el obradorismo- ebrardismo.

Así como los gobiernos priistas del siglo XX recibían a los exiliados de los golpes de estado y la represión en la República Española o Chile y apoyaban al régimen cubano, al mismo tiempo que torturaban, mataban, desaparecían y encarcelaban luchadores sociales en Chihuahua, Guerrero, Puebla, Morelos y muchos otros lugares durante la guerra sucia; hoy el gobierno del DF hace exposiciones de fotos sobre los heroicos estudiantes del movimiento del 68 mientras en la Ciudad de México su policía reprime a los estudiantes y a todo movimiento social que marcha, hace paros, plantones o huelgas sin subordinarse a su “presidente legítimo”.

Es una cultura típicamente priista, aparecer como de izquierda, a lo Echeverría, mientras se ataca a los grupos rebeldes. Como ejemplo: la responsabilidad del PRD en el Estado de México y del gobierno perredista del DF en la represión a Atenco y la Otra Campaña hoy es escondida cuidadosamente por algunos, y el silencio de entonces se convierte en un intento de aparecer hoy al lado de Ignacio del Valle, quien se ha convertido en un símbolo de la injusticia del sistema y la criminalización de la lucha social.

Los jóvenes de 2008 tienen que saltar por encima de las sombras de esa viaja clase política (los Muñoz Ledo y Dante Delgado) e intelectual (los Monsiváis, las Poniatowska, los González de Alba) para replantear, incluso contra ellos, las demandas vigentes de 1968: Libertad a los presos políticos; desaparición de los delitos con que se criminaliza la lucha social; desaparición de los cuerpos policiacos, militares, paramilitares, parapoliciales y de choque que tienen como principal tarea reprimir a los jóvenes, los estudiantes y los movimientos sociales autónomos.